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Nos conviene que nos sentemos y hagamos una nueva Constitución.

LAS     CONSTITUCIONES

En Málaga, a 12 de noviembre de 2017.

            A estas “alturas” ya podemos ir superando inteligentemente los vértigos. Muchas veces nuestros vahídos no son de nuestra cosecha y están influidos por los compañeros de excursión, cuando salimos de nuestras casillas, que nos marean con sus miedos y comentarios por este “caminito del rey” por el que nos toca ir desfilando. Hablando de desfiladeros es clásica ya la viñeta que dibujaba, ya hace tiempo, el paso de Las Termópilas como un camino angosto entre montañas. También se nos hizo célebre la respuesta de Leónidas, cuando le dijeron que los enemigos eran tantos que si tiraban sus lanzas a la vez, se oscurecería el Sol: “Mejor; así lucharemos a la sombra”. Cuando estuvimos en Grecia, pudimos comprobar que Las Termópilas eran una amplísima playa que no tenía nada que ver con las estrecheces que nos habían hecho creer.

            Hoy día se está hablando de la Constitución con aperturas y clausuras, con anchuras y estrechuras, por todos sitios, pero se nos echará encima la próxima festividad de la Constitución y seguiremos sin aclararnos, porque no se moverá ni un dedo, ni siquiera de inteligencia y entendimiento, para mejorar la Constitución, que tantos detestan en muchos de sus términos, mientras que otros se rompen el pecho, como gorilas, en alabanzas de la modélica transición.

            Hemos podido oír cómo se maneja, arrimando el ascua a sus sardinas, la juventud de nuestra Constitución, que muchos no votaron, para dejarla hacer y deshacer, a sus antojos constitucionales, porque la juventud es un valor. Para ello se nos habla de las constituciones europeas que datan del siglo XIX, como las de Noruega, Holanda, Bélgica y Luxemburgo y que al parecer no les han tocado ni un pelo (la de Dinamarca se reformó en 1953).  Sin ir tan lejos, las de  Italia y Alemania son del final de los cuarenta del siglo XX y la de Francia, de 1958. Y henos aquí con las más jovencitas de Europa: las de Grecia, Portugal y España, quizá sin reparar por qué son tan jóvenes.

            Todas las constituciones han sido reformadas, para adaptarse a nuestros nuevos tiempos. Todas han ido madurando y han dejado atrás su adolescencia y juventud. Nos resulta un tanto extraño que no tenga lugar una reforma en condiciones de nuestra Constitución, para que abandone  su infantilismo y pueda, no solo crecer, sino también acompañarnos a todos en nuestro crecimiento.

            Todos sabemos, además, que la constitución, con minúscula, no lo determina ni marca todo en la vida de una persona. Pensemos, por ejemplo, en las condiciones del parto (no hablamos del parto de los montes), que pueden incidir en el alumbramiento y que pueden arrastrar achaques y deficiencias de por vida, como es sabido de todos. No hablamos, por supuesto, de “la talidomida política” ni de bebés robados, sino del secuestro de algunas atenciones en su nacimiento que pueden hacer que no se le entienda bien cuando ahora nos habla, por ejemplo; o cuando nos argumenta, por los lapsus o contradicciones que nos deja patentes. Además, una persona joven puede tener peores condiciones de vida que un anciano. La “juventud es divino tesoro” si nadie le ha robado el fuego y el entusiasmo de los dioses. Una persona mayor puede estar muy en sus cabales a pesar de los años que tenga. Este último estado tampoco es el caso de nuestra Constitución.

            También nos dicen que España, para ser próspera, necesita estabilidad y, también, seguridad jurídica. Con el olvido de tantos artículos o con la consagración de reformitas perpetradas adrede, la estabilidad baila demasiado y sobre todo con la música y hasta el estruendo de la precariedad. En cuanto a la seguridad jurídica, las leyes que emanan del Legislativo tampoco han sido alumbradas con buena salud y no digamos más, porque los medios de comunicación no dan abasto con el sinnúmero de inseguridades que padece el pueblo, con los olvidos intencionados que llenan los cajones, o los disfraces que mantienen los carnavales de la política española y muy española.

            Nos conviene que nos sentemos y hagamos una nueva Constitución. Según el último balance del Portal de la Transparencia del Congreso, los viajes de los diputados desde  enero hasta el final de junio sumaban la friolera de 2,013 millones de euros. Si, por casualidad, nos ahorramos algunas idas y venidas, desde luego serán bienvenidas. (Se puede ver “Gramatica constitucional” malaka.es). Hay que sentarse, pero para no dormirse ya y trabajar a conciencia en ello.

Por José María Barrionuevo, Ateneo Libertario Luz y Armonía de CGT Antequera.

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