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El suelo de Delphi seguirá viendo crecer la hierba

Como si se tratara de una maldición bíblica, el terreno en el que se asienta la antigua Delphi en Puerto Real parece destinado a ver crecer la hierba. Desde que cerró en febrero de 2007 lo único que ha recaído sobre estos suelos han sido promesas primero, decepciones después, muchas incertidumbres y hoy, nueve años después, una seguridad: que nadie quiere saber nada de ese terreno. 

Hoy, nueve años después de su cierre y otros tantos inmersos en un eterno proceso concursal, la única certeza es que los administradores de esos terrenos y de las deudas que dejó la fábrica al dejar de funcionar solo aspiran a una cosa, lograr la mejor oferta para acabar derribando las maltrechas naves. Lo han intentado todo. Primero, aceptaron dar la oportunidad a una pequeña empresa que anunciaba su instalación, previa compra de parte del terreno, y que contaría con una parte de la antigua plantilla. Era Redelsur. Esta historia parece destinada a acabar en los tribunales. Según han denunciado tanto la Guardia Civil como la Junta de Andalucía, numerosos incumplimientos, al parecer, han dado al traste con algo que ni siquiera llegó a comenzar. Su propietario, por contra, acusa directamente a los administradores concursales de impedir su puesta en marcha. 

El Ayuntamiento de Puerto Real también dio sus pasos. No hace mucho, anunciaba una reparcelación del terreno en cinco zonas distintas, con la esperanza de que alguna empresa se interesara por instalarse en suelos más pequeños. Ni por esas. Los administradores concursales llevan semanas ofertando estos terrenos a nivel internacional y ni siquiera han recibido una llamada, un email, nada. 

Por tanto, y una vez que la Audiencia Provincial se pronunció acerca del recurso interpuesto en su momento por el Consistorio puertorrealeño (en la etapa de gobierno de la andalucista Maribel Peinado) en contra del derribo, nada impide que los administradores acepten una de las cinco propuestas de otras tantas empresas para derribar las naves, vender la chatarra y pagar parte de las deudas. 

El sector de la automoción en la provincia de Cádiz, que durante décadas generó miles de empleos, ha quedado apartado de un negocio que, sin embargo, no sólo tiene vida en España, sino que está alcanzando niveles de prosperidad destacables. Sólo hay que ver los datos: a principios de este mes de junio, Volkswagen anunciaba que su planta de Navarra lanzaría a partir de 2018 un segundo modelo de la familia Polo; al mismo tiempo, Renault daba a conocer una inversión de 750 millones de euros en España para desarrollar su plan industrial hasta el año 2020 o en enero pasado, cuando la planta de Martorell conseguía la adjudicación del Audi A1. 

Pero, más allá de las apuestas de los gigantes de la automoción por sus factorías en España, es importante la apuesta por la tierra. Recientemente, Delphi anunciaba el cierre de la única factoría que le quedaba en España, la de San Cugat del Vallés en Barcelona. Poco después, cuatro empresas privadas, sin necesidad de contar con promesas políticas ni de administraciones públicas, se unían para llevar a cabo algo insólito en la provincia de Cádiz: reflotar la antigua Delphi en esa población. 

Como publicaban los diarios catalanes, las empresas J. Juan y Gutmar junto con las ingenierías Isee y Guilera, llegaban a un compromiso con el comité de empresa de esa factoría, para invertir nada menos que entre 10 y 12 millones de euros para volver a poner en marcha esta fábrica de componentes. Pero, además, también asumían la contratación de un mínimo de 208 trabajadores, de los 540 con los que contaba la factoría que realizará su cierre efectivo en octubre. 

Este compromiso, por el que las cuatro empresas pretenden comenzar la actividad este mismo año, debe contar con el visto bueno de la propia multinacional norteamericana y de las autoridades catalanas, algo para lo que no parece a priori que existan inconvenientes. Ni prejubilaciones, ni subvenciones públicas ni promesas a largo plazo. 



Mientras tanto, los terrenos de Delphi en Puerto Real siguen esperando ser útiles para algún negocio. Ya no se pretende ni tan siquiera que sea del sector industrial, que genere cientos de empleos. Sólo que vuelva a ser útil, que sea el inicio de algo en la Bahía. Y, si no, que al menos forme parte de la Zona Franca o del proyecto de Las Aletas. Claro que, para eso, Las Aletas también tendrá que formar parte de alguna realidad, más allá de reuniones, declaraciones políticas o dibujos en un mapa.

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