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El 21 de marzo volvemos a Madrid

El 21 de marzo, volvemos a Madrid. Las organizaciones que formamos parte de las Marchas de la Dignidad convocamos una nueva manifestación para reivindicar “Pan, Trabajo, Techo y Dignidad”.

La situación de emergencia social lo justifica. También el hecho de que, tras las manifestaciones descentralizadas del pasado noviembre, la amplia movilización del 22M se haya mantenido, consolidado, profundizado y extendido.

Son tiempos de recuperación de beneficios empresariales que dejan al descubierto la gran mentira de las estadísticas. Las de los optimistas datos “macroeconómicos” que meten en el mismo paquete los crecientes beneficios empresariales y la pérdida de poder adquisitivo de los salarios. Y también el pago religioso de la deuda de los bancos convertida en deuda pública con total desvergüenza.

Razones no nos faltan para volver a ocupar las calles. No olvidamos los desahucios, las prebendas a los bancos, los regalos a los empresarios en forma de Reforma Laboral, las privatizaciones y el desmantelamiento de los servicios públicos y un doloroso etcétera. Cuando ya pensábamos que íbamos a tocar fondo, nuevos elementos de indignación se suman a los que llevamos acumulando durante los ya largos años de la crisis.

La industria farmacéutica, en combinación con los recortes en la sanidad, vuelve a mostrar su verdadero rostro y condena a muerte a los enfermos de hepatitis C que no tienen dinero para pagar el precio abusivo del medicamento. Mientras que el gobierno de la India recurre, legalmente, a fabricar medicamentos genéricos a bajo precio (que pueden producirse por 88 euros, un dato que se oculta) o el gobierno militar de Egipto consigue un precio muy inferior por el medicamento “Sovaldi”, el gobierno de Rajoy condena impasible a los enfermos. Un sector más para el calvario.

La “lista Falciani” nos ha vuelto a recordar que el sistema apenas intenta disimular que no es más que el obediente servidor del capital financiero. Y es que el sistema tributario español no es para ricos. Para ellos se han creado los paraísos fiscales. Lo que sí es país para leyes mordaza que pretenden vacíar las calles y enterrar las libertades. En vez de reparto del trabajo y la riqueza; miedo, control y miseria.

En este contexto, la fecha elegida para la movilización, hace meses, el 21 de marzo, cae en víspera de una nueva consulta electoral. Sin posicionarnos sobre la utilidad del voto, como CGT sí que tenemos que hacerlo sobre la utilidad de la movilización y que ésta no debe ser sacrificada a los intereses políticos.

Tenemos que mantener la guardia alta en defensa de la movilización social como principal palanca para el cambio. No olvidar experiencias pasadas. Aprender de la Historia; así, la nuestra reciente nos demostró, en la Transición, que la confianza en la vía parlamentaria llevó a la desmovilización social. Ha tenido que pasar una generación, o más, para apreciar las consecuencias de la aceptación del sistema capitalista y la delegación en los políticos profesionales.

Por eso, el inmenso descontento laboral y social acumulado durante los últimos años, coincidente con el descrédito del sistema y de muchas de sus instituciones (políticos, jueces, monarquía, sindicatos, banqueros, etc.) sólo tendrá resultados creadores si sirve para crear conciencia de que hay que barrer el sistema capitalista, sustituyéndolo por un sistema autogestionario inspirado por principios de solidaridad y apoyo mutuo.

Si el descontento sólo se traduce en echar a la derechona, en dejar de votar a unos políticos para votar a otros, delegando en ellos la tarea de transformación social, sería como dilapidar el depósito de combatividad y capacidad de crítica práctica al sistema; y el desengaño posterior puede traernos nuevos “monstruos”.

Desde posiciones libertarias tenemos que insistir en la necesidad de profundizar y extender las movilizaciones y a la vez en que éstas se doten de alternativas concretas, de formas de autoorganización, de autogestión, de solidaridad, realizables en el día a día. Las acciones del todavía mayor movimiento social, el movimiento obrero, incluidas sus más recientes formas de expresión, las mareas verde o blanca, junto a nuevas formas de lucha (movimiento contra los desahucios, por ejemplo) tienen no sólo que mantenerse, sino que profundizarse. Ese es el reto. Del 21M y más allá.

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