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La CGT ante el reto de la precariedad y de la exclusión del mercado laboral

La precariedad y la exclusión laboral y social son, de hecho, lo que quizás defina con más rotundidad esta sociedad capitalista de primeros de siglo XXI. También para buena parte de la afiliación de CGT la precariedad se va convirtiendo en norma.

Fuera de los sindicatos, del nuestro también, está la gran mayoría de trabajadores/as que transitan del paro a la precariedad y viceversa y que cuando trabajan lo hacen sin posibilidad alguna de mantener una actividad sindical mínima.

Todo ello en un contexto de relegación de la clase trabajadora, como retrata Owen Jones en “Chavs, la demonización de la clase obrera”. Compartimos la tesis con la que concluye su libro este autor británico:

“Solo un movimiento organizado de trabajadores puede desafiar la locura económica que amenaza el futuro de amplios sectores de la humanidad. Pero ese movimiento es imposible a menos que se desmonten varios mitos: que todos somos esencialmente de clase media; que la clase es un concepto anticuado; y que los problemas sociales son en realidad los fallos de un individuo”.

Aquí también se nos dice: Todos somos clase media. O ciudadanos/as. No hay clase obrera, en todo caso excluidos/as. No hay lucha de clases. Ni tampoco izquierdas ni derechas, si acaso, “arriba y abajo”. Casta, nos llaman a todos, en la nueva terminología mediática que arrasa. Y mientras banqueros y políticos “pagan”, ¡solo en imagen, ojo! por la crisis económica y de las instituciones, la clase empresarial se va “de rositas”.

La CGT es un sindicato de clase y no escapa a la ofensiva contra los sindicatos en general, criticables por su opacidad, burocracia, profesionalización, “chiringuitismo” e inmovilismo. Unos vicios de los que, por desgracia, no estamos a salvo por definición.

Ya de por sí nuestra estructura no es atrayente para la mayoría de los jóvenes, sean empleados/as, cada vez menos, o sean precarios/as y excluidos/as, cada vez más, acostumbrados a comunicarse en red y muy alejados de la terminología clásica del anarcosindicalismo. No encuentran nuestra organización atractiva o creíble como marco organizativo en el que volcar su militancia y prefieren participar en movimientos como el 15M, en la plataforma contra los desahucios o en los círculos de Podemos.

En este escenario histórico concreto, que es el nuestro hoy, se celebra la Conferencia de sindicatos de CGT, en Jerez, del 21 al 23 de noviembre. Es una oportunidad para intentar dar respuesta a lo que se exige de nosotros/as. Sigue siendo cada día más valido que la lucha por los intereses de la clase trabajadora no se limita a la lucha en la empresa. Por ello la CGT tiene que asumir como propios objetivos como la lucha por el derecho a la vivienda, contra la especulación urbanística y la burbuja inmobiliaria, por los servicios públicos y los bienes comunes. Mientras en las empresas luchamos por recuperar un punto, o una décima, de poder adquisitivo, el sistema nos encarece un bien tan esencial como es la vivienda por el importe, por ejemplo, de un año de trabajo, o mercantiliza servicios públicos o bienes comunes.

No proponemos mutar al sindicato en una organización social, sino asumir, que la defensa de los intereses de la clase trabajadora también se desarrolla fuera de la empresa. Que los sentimientos o derechos “de ciudadanía” (salud, educación, vivienda, renta básica, libertades, participación, etc.) no son ajenos a los intereses y a la lucha de la clase trabajadora. Simplemente, ésta puede dejar que los gestionen otros (políticos), o puede evitar estar hegemonizada por expresiones burocratizadas y jerarquizadas que, más pronto que tarde, como se ha comprobado históricamente, reproducen con formas nuevas el viejo sistema de explotación y de opresión. Véase China.

Por ello hay que dar pasos decididos para sacudirnos el sambenito de “casta”. Verdad es que hacer una revolución social no queda al alcance de nuestra mano, mientras que modificar algo nuestra organización, para que de alguna forma prefigure nuestro modelo de sociedad, sí lo está. Veamos algunas medidas (que defendemos dentro de CGT) fáciles de impulsar y que no solo nos adecuarían más a la realidad social sino que nos darían un plus de coherencia e integridad. Porque si no vivimos como pensamos, pensaremos como vivimos.

1. Transparencia y conocimiento de nuestra realidad. Limitación y publicidad de los tiempos prolongados de “liberación”; publicidad de datos por género, edad, ingresos, tipo de contratos, fijos/precarios/as, etc en nuestros sindicatos, órganos y comicios.

2. Aplicarnos los principios de exigencia de participación que defendemos para la sociedad. Según nuestros Estatutos tiene la misma representación en un Congreso de CGT un sindicato con 1.000 cotizantes en el que participan (asisten a una asamblea) 10 personas, que aquel de 1.000 afiliados/as en el que asisten 900 a la asamblea. Este sistema por el que solo se cuentan cotizantes, sin valorar el número de asistentes a las asambleas (único sistema de participación en las decisiones) no resulta representativo ni favorecedor de la participación.

3. Adaptación de la cuota a la realidad salarial. CGT lleva manteniendo año tras año unos incrementos de cuotas muy superiores al IPC, por no decir a la evolución decreciente de los salarios reales, sobre todo en el caso de las cuotas para personas paradas o con contratos precarios. Es necesario fijar una cotización “superreducida” para las personas sin ingresos. Será una manera de “abrir” la puerta del sindicato a estas personas, y especialmente a jóvenes, en gran proporción parados/as sin ingresos, estudiantes, etc. a la vez que una pequeña muestra de coherencia con nuestras propuestas de Renta Básica, gratuidad de servicios, etc.

4. Aplicarnos en alguna medida, mínima, la progresividad que exigimos al Estado. Demandamos repartir la riqueza, así como progresividad fiscal. Pero un principio tan elemental de progresividad como es que quien más tiene contribuya más, no es aplicado en el seno de la CGT. Es imprescindible revisar las actuales cuotas de CGT en el sentido de que aquellas personas afiliadas cuyos ingresos sean sustancialmente mayores del salario medio contribuyan con una cotización superior a la cotización ordinaria. Creemos que una mayor coherencia entre nuestras palabras y nuestro actos solo será beneficioso para la CGT.

5. Flexibilizar la actual rigidez de la reglamentación de la afiliación obligatoria al “sindicato de su localidad y trabajo”, y en el caso de la persona en paro, al sindicato correspondiente a su ultimo trabajo; norma que no se adapta a la extrema movilidad laboral del precariado. CGT debe dar pasos firmes en la potenciación de estructuras locales de participación en las que puedan abordarse colectivamente los problemas que son comunes e independientes del sector en que se trabaje (sobre todo si no se trabaja).

6. Acordar ya la declaración de bienes en CGT. Una propuesta que se abre paso es la declaración de bienes al entrar y salir de un cargo determinado. El XVII Congreso de CGT, celebrado en octubre de 2013, aprobó, en el Punto 4, Acción Sindical y Social; dentro del Marco Reivindicativo Global, el siguiente Acuerdo, como reivindicación de CGT: “Transparencia económica de los cargos públicos, partidos políticos, etc. y control social económico de sus cuentas a cargo de organizaciones participativas”. Sin embargo CGT, ni en el mismo Congreso, ni posteriormente, ha encontrado la oportunidad ni el momento de aplicarse a sí misma este Acuerdo de Congreso. Está claro que si no lo hacemos ya nos dirán que “no es lo mismo predicar que dar trigo”.

Junto a todo ello, o para que éstas y otras muchas ideas puedan debatirse, es necesario un marco de debate más abierto.

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