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“Las ideas libertarias se deben distinguir no tanto por los fines concretos, sino por los procesos que utilizan”

{La CGT, por su estructura territorial y global, su estructura orgánica y sus ideas frescas, podría ser la
columna vertebral de esa nueva herramienta sindical para la revolución del siglo XXI}

Federico Noriega es un conocido activista social en Sevilla. Durante muchos años militó en la
CGT como afiliado de Banca y aún hoy sigue difundiendo las ideas libertarias en diferentes
colectivos. En su incansable actividad social, últimamente ha participado en la asamblea
Constituyentes de Sevilla o el 15M y recientemente en los intentos de confluencia para presentar
una candidatura ciudadana a la alcaldía de Sevilla. Tras haber conjugado durante tantos años su
actividad sindical y social, sus opiniones sobre la situación actual y el papel de CGT en este
contexto pueden enriquecer la reflexión con un punto de vista exterior pero a la vez muy vinculado
a la Confederación.

BdP: Durante años en Sevilla se te ha asociado a CGT, el Foro Social, ATTAC, el 15M, Sevilla
Plural, Constituyentes y ahora en Ganemos Sevilla. ¿Cuál es el nexo de unión de todo este
recorrido?

Federico Noriega: Formas de funcionamiento muy horizontal y asamblearia, basadas en el
consenso y el debate abiertos, de actuar sobre lo concreto pero teniendo siempre presente la
transformación social profunda que se requiere para acabar con las injusticias. Aunar en su seno
muy diversas visiones filosóficas e ideológicas, pero que son capaces de ponerse de acuerdo en el
trabajo común. Ese para mí es el verdadero espíritu libertario con mayúsculas.

BdP: Siempre te has definido como libertario. ¿Es eso compatible con trabajar en la
construcción de una alternativa política electoral?

Federico Noriega: Coyunturalmente es necesario, a mi humilde modo de entender,
diversificar herramientas de lucha. En estos momentos la movilización está empezando a agotar a
mucha gente, los poderes no ceden por el fuerte apoyo internacional, político y sobre todo
financiero de los mercados y multinacionales. Corremos el peligro de una involución si un grupo
enarbola la bandera antisistema desde posiciones totalitarias y fascistas. No sería la primera vez y
debemos aprender de los errores históricos. Los cambios se hacen desde la calle sin lugar a dudas,
pero se “permiten” desde las instituciones, o por el contrario se “combaten” desde las
instituciones como ocurre en estos momentos. Las revoluciones democráticas en Islandia y
América Latina nos dan una pista y debemos aprovecharla. La CNT boicoteó en el 34 unas
elecciones, pero apoyó de forma clara las del 36 con un programa de reforma y avance social
profundo. La estrategia no debe ser cerrada e irreflexiva, sino flexible y meditada.

BdP: Viviste las luchas de una Transición hoy cuestionada. ¿Estamos en una segunda
transición?

Federico Noriega: Yo creo que sin duda sí. En el fondo percibo que esta transición es más
profunda y con gente mucho más preparada para el cambio social. Jóvenes muy formados
políticamente, con ideas mucho más avanzadas y libertarias, nominales o no. La verdad es que no
me importa cómo se identifiquen sistemáticamente las ideas, sino su significado inmediato, su
contenido concreto y su práctica. Creo que las ideas libertarias se deben distinguir no tanto por los
fines concretos, sino por los procesos que utilizan para llegar. Aquello que nuestros maestros nos
enseñaron de “el fin no justifica los medios, son los medios los que determinan el resultado”.
Porque lo libertario no es un recetario de ideas cerradas, es al contrario un camino abierto y
unos métodos de trabajo en la lucha social.

BdP: En los últimos años hemos visto movimientos como el de la Vivienda Digna, Juventud
Sin Futuro, el 15M, las mareas, la PAH... ¿qué destacarías de estos movimientos?

Federico Noriega: Justamente lo que he comentado antes, en lo profundo de su
funcionamiento son herramientas libertarias en su esencia. Hablan de lo concreto a la gente, pero
aspiran a cambiar lo global en el fondo. Los maestros anarquistas de principios del siglo XX no
llegaban a los pueblos predicando a Bakunin, sino enseñando a leer y escribir para abrir las mentes
de los trabajadores humildes y sus familias. Pero no era una enseñanza neutra, cuando se abre la
mente y el corazón a las ideas de libertad, fraternidad y justicia social, se está llegando a la esencia
del ser humano. Leí un librillo muy interesante en mis años mozos que se titulaba La venganza de
Bakunin y trataba del debate eterno entre socialismo utópico (anarquismo) y socialismo científico
(comunismo), bastante artificial por cierto, pero daba las claves sobre el fondo humanista de
nuestras ideas y la reapropiación de la juventud del 68 y posterior de conceptos y prácticas clásicas
del movimiento libertario.

BdP: También están las Marchas por la Dignidad más ligadas al sindicalismo. ¿Cómo valoras
esta movilización?

Federico Noriega: La unidad mueve montañas y se ha demostrado, no sólo la sopa de siglas,
sino la verdadera unidad que se trabaja desde lo concreto, con la gente en las bases, etc. Estamos
abocados a un camino de cambio y unidad para la transformación. Las organizaciones no son un fin
en sí mismas, sino una herramienta de transformación. Si la herramienta no da los resultados
esperados, siempre queda la posibilidad de hacer cambios, incluido de siglas si es necesario, para
buscar la eficacia de los fines y, por supuesto, sin tocar los principios básicos que hemos
comentado antes, los medios y la práctica libertaria. Nada más libertario que la democracia
política y económica, y nada más democrático que el pensamiento libertario. Muchos colectivos
hoy, fuera de los sindicatos e incluso dentro de los sindicatos del sistema, están buscando nuevas
referencias unitarias. Quizás sea el momento de pensar una gran alianza sindical sin condiciones
previas para afrontar el cambio que estamos viviendo.

BdP: Los políticos viven hoy un gran desprestigio, también los sindicatos. ¿Qué papel puede
jugar hoy el sindicalismo? ¿Cómo ves el lugar de CGT en este contexto?

Federico Noriega: Hay que estar abiertos a nuevas fórmulas de unión de los trabajadores. El
desprestigio de “los sindicatos”, por desgracia, nos arrastra a todos de forma injusta, porque no
todos han actuado igual en este estado de corrupción y la CGT es un caso bien claro de este
mensaje generalista. Igual en el terreno político, porque no se puede hacer una casa nueva con los
viejos ladrillos del derribo político y sindical. No obstante, no puede darse transformación social
sin los trabajadores, que son la mayoría, y sin las organizaciones sindicales, que hasta el momento
es la mejor herramienta de la que se han dotado los trabajadores en su historia.
La CGT tiene una oportunidad histórica. Está en la mejor situación de liderar el proceso de
cambio sindical porque, a pesar del desprestigio de los sindicatos a nivel general, hay
organizaciones como la CGT que gozan de cierta inmunidad o al menos de cierta comprensión
general.
Ante esta situación, solo quedan dos posturas:
Dejar pasar las cosas, verlas desde lejos y seguir con un mensaje mesiánico, en el sentido de
decir “aquí estamos nosotros, la CGT, la más guay, libertaria, asamblearia, luchadora, etc., sólo
venid y encontraréis el lugar ideal, bla, bla, bla”.
Y otra postura más comprometida, más complicada, más difícil, pero a la larga mucho más
inteligente, que es liderar la unidad de todo ese nuevo espectro sindical o laboral de gente joven y
no tan joven que comparte, incluso sin saberlo, nuestros métodos de trabajo, pero que no está al
tanto de nuestra historia o nuestros estatutos, acuerdos, etc., y quiere una herramienta actualizada,
unitaria y en la que pueda participar desde su creación.
Por tanto la CGT, por su estructura territorial y global, su estructura orgánica y sus ideas
frescas, podría ser la columna vertebral de esa nueva herramienta sindical para la revolución del
siglo XXI en el estado Español, e incluso ejemplo europeo y mundial.
El reto está al alcance de la mano, lo malo es que la CNT y la CGT, en más de una ocasión,
hemos dejado pasar oportunidades inmejorables de encabezar los nuevos movimientos sociales en
los últimos años. Es hora de pensar, cambiar y transformar. El tiempo juega en nuestra contra, si
no lo hace la CGT, surgirá de forma espontánea y veremos el tren pasar por delante de nuestras
narices.

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