Foto arton5280
Sin comentarios 1236 veces visto

Ganamos

El pasado 25 de mayo el 54% de la población censada no fue a votar. Leemos en los medios que el bipartidismo está herido, pero no gracias a este 54% ganador del comicio, más bien pese a él.

Durante semanas hemos tenido que soportar la opinión que sostiene que quienes no votamos somos culpables de la corrupción política y del bipartidismo caciquil. Con un análisis tan simplista como el que circula por ahí (no es una crisis, es una estafa, los estafadores tienen nombre y si devolvieran el dinero robado se acabaría este cirio) no es de extrañar que, en el imaginario popular preelectoral, responsables de todos los males del capitalismo seamos quienes decidimos no votar y no el propio sistema. En este ambiente tenso se ha desarrollado la campaña de abstención activa de CGT para estas pasadas elecciones.

Asombra que haya a quien chirríe que las organizaciones anarcosindicalistas propugnen la abstención cada vez que se acerca un comicio del aparato estatal burgués, por lo que demuestra de desconocimiento y desmemoria. Y que tengamos que defender nuestra postura nuevamente frente a argumentos tan desinformados y estúpidos como que la abstención se suma a la lista más votada o que si no votas no te quejes es desesperante. Y lo que más desespera de todo ello es la falta de respeto hacia una actitud personal y colectiva meditada y madurada, tan legítima como cualquier otra que se pueda tener ante un proceso electoral.

En ese sentido, por mucha campaña que CGT desarrolle de abstención activa siempre lo hace sobre la base del respeto a la libertad de todos y todas. En CGT se respeta la libertad de su afiliación a votar, a comentarlo, a debatirlo internamente, nunca se vive la campaña como una imposición sectaria.

El abstencionismo es una postura política plenamente consciente, documentada, históricamente implantada en los ambientes libertarios (donde se han escrito millares de páginas al respecto desde hace más de siglo y medio, como el Vota, pero escucha de Mella) y plena y tristemente actual (como demuestra el recién publicado libro de Naredo, La abstención como protesta).

Básicamente, aunque cada abstencionista consciente mantiene una opinión diferenciada y personal, desde la más recalcitrante y visceral a la más tibia y dubitativa, pasando por la más centrada y meditada, su base es clara: este sistema, el capitalista, y su cara política, la “democracia” representativa burguesa, es un enemigo a batir y no se le puede liquidar participando en sus pantomimas legitimadoras, participar es apuntalarlo y lo que queremos es destruirlo, absteniéndonos de participar en él (abstención) y propiciando alternativas autogestionarias (activa). Y para eliminarlo no basta con no votar, quien se abstiene ha de participar, en la lucha, en la construcción de la alternativa real, la autogestión. Y se distingue claramente del simple desencanto acrítico, del pasotismo desconectado, cuando no del cinismo egoísta, de la abstención pasiva.
Los resultados de las pasadas elecciones demuestran que gana el abstencionismo; pero ese resultado, un apabullante 54%, muestra también su debilidad. No es todo abstención activa, la abstención activa se diluye en la masiva abstención técnica, la que practica quien se olvida de ir, quien está de fin de semana en la playa o el campo, quien no encuentra el DNI, quien tiene una resaca muy mala, quien sufre una terrible enfermedad...
Otras opciones electorales son igualmente legítimas y pueden asimismo pretender tener intenciones transformadoras o simplemente testimoniar una opinión sin más. Presentan, todas ellas, los mismos defectos que el abstencionismo: en el escenario actual no transforman nada e igualmente se confunden con posturas pasivas e indiferentes.

El voto nulo es muy parecido al abstencionismo, rechaza el sistema y lo hace explícitamente, introduciendo un mensaje subversivo en la urna, testimoniando una oposición que solo perciben quienes realizan el escrutinio de la urna. Estos votos cuentan lo mismo que la abstención: nada. Igualmente, se confunden con el nulo técnico: el de quien no sabe que no debe escribir sobre la papeleta o el de quien por error mete dos papeletas distintas. En fin, si luego quien emite un voto nulo “antisistema” participa, lucha, colabora... la postura es muy semejante. Si el voto nulo es puro cinismo, igual de cínico es que una abstención desentendida de los problemas reales.

El voto en blanco es la opción menos recomendable respecto al objetivo que persigue. Entiendo que quien echa un sobre vacío apuntala al sistema, en el que cree y por ello vota, mientras manifiesta un rechazo por todas las opciones, pues ninguna representa sus planteamientos. Castiga a los candidatos pero aprueba el mecanismo. Hasta ahí coherente con lo que piensa. Pero el voto en blanco sí entra en el recuento, y amplía el porcentaje necesario para alcanzar resultados, lo que afecta a las listas menos votadas y beneficia a los partidos grandes. También se confunde con el blanco técnico, el de quien olvidó meter la papeleta en el sobre. Más: si votas en blanco y luego no haces nada entre consulta y consulta para cambiar el panorama tienes la misma actitud que la de la abstención pasiva.

Por último, votar a una candidatura es una opción completamente legítima: elegir la lista que crees que va a defender tus intereses, incluso pensar que metes una cuña en el sistema, que las cosas se pueden cambiar desde dentro. No puedo certificar que un resultado electoral no pueda reorientar la vida política en la dirección de la superación del capitalismo y del fin de la explotación, pero hay ejemplos de sobra de que mediante la lucha partidista dentro del sistema de representación burgués nunca se ha podido alcanzar nada que indique que así se logren grandes cotas de libertad y autogestión.

Por todo ello sigo pensando que la abstención activa, la construcción de autogestión, es la mejor vía.

En la actualidad, ante la tremenda ilusión colectiva que han provocado los resultados electorales pasados, a las opciones que se presentan como transformadoras les queda de margen hasta las municipales para intentar convencernos de que no es mala idea echar una papeleta en una urna aunque nuestros sueños sigan sin caber en ellas.

En 1936 el Frente Popular consiguió de CNT un silencio clamoroso respecto a la participación en las elecciones que ha sido interpretado como una llamada al voto. La ausencia del boicot electoral en un momento en que la anarcosindical tenía una enorme influencia en la clase trabajadora se puede interpretar así, y ocurrió que la abstención fue muy baja y la clase trabajadora aupó a los partidos de izquierda al poder para poner freno al fascismo. Un fascismo que finalmente terminó aplastando a la Revolución del 19 de julio. No fue el resultado electoral quien propició la Revolución, pero sí sirvió para sacar a los presos de las cárceles.

Esperemos no tener en un futuro próximo que votar para sacar a nuestros compañeros y compañeras de las mazmorras del capital, aunque me temo que por ahí puedan ir los tiros.

Fuente: http://www.cgtandalucia.org/Barricada-de-Papel-no-17

Recomendados

Muchas razones para ir a la Huelga Indefinida

Ayer comenzaron los estudiantes, de Secundaria y Universidades, la protesta masiva, multitudinaria, contra las política [...]

Miles de andaluces y andaluzas celebran en las calles un 28F reivindicativo contra el paro y los recortes

Miles de personas han recorrido Sevilla en la manifestación del Bloque Crítico del 28 de febrero, día de Andalucía. La [...]

Segunda huelga estatal de Atento-Extel contra la precariedad y la complicidad de Telefónica-Movistar

La CGT ha convocado, a través de la Coordinadora Estatal de Telemarketing, una nueva jornada de huelga en todo el estado [...]

0 comentarios

Aún sin comentarios

Puedes ser el primero en comentar esta noticia!

Deja tu Comentario

Tu email no será publicado. Los campos obligatorios estan marcados con el simbolo *

¿ Cuanto es seis + dos ?

Los comentarios están moderados, por lo que no se garantiza su publicación. La web no se hace responsable de los comentarios vertidos, al tiempo que se reserva la eliminación de los comentarios de carácter sexista, racista, autoritario, o arbitrariamente insultantes hace personas concretas, así como el bloqueo del usuario que de forma reiterada no respete estos límites.