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Caminando en la Marcha por la Dignidad

Y por fin llegó. Después de muchos buenos propósitos y muchos despropósitos, por fin llegó el día 22 de marzo. Nos ha costado mucho esfuerzo, muchas horas de trabajo, de reuniones, de dolores de cabeza... a algunas les ha costado hasta la salud, de tantas y tantas horas caminando bajo el frío y el calor sin rendirse. Veintitrés días a pie desde Granada. Algunas se han unido en otros puntos pero, aunque menos tiempo, igualmente han sentido el dolor de los kilómetros y kilómetros andando sobre el asfalto.

Empecemos desde el principio. Julio del 2013. Varias organizaciones sociales y sindicales deciden que ya es hora de rebelarse contra este gobierno, contra este sistema. Entre ellas se encuentra la Confederación General del Trabajo, que lleva décadas luchando contra las injusticias sociales, en pos de un sistema libertario e igualitario, en el que lo más valioso seamos las personas.

Comienzan las reuniones. Las ganas de cambiar el mundo hacen que muchas otras organizaciones se hagan eco de esta batalla que se está empezando a fraguar y quieran formar parte de la lucha.

Ya está en marcha. Tan en marcha que decidimos organizarnos en Marchas por la Dignidad, porque esa palabra, dignidad, es lo único que nos queda cuando lo hemos perdido todo, es lo único que no nos pueden quitar. Y también es de donde vamos a sacar fuerzas para comenzar esta guerra, nuestra propia dignidad como personas, para recuperar la dignidad en todos los aspectos de nuestra vida, nuestros trabajos, nuestra educación, nuestra sanidad... en todo. Pero no adelantemos acontecimientos.

Las Marchas van marchando. Se propone que se formen columnas que vayan caminando desde diferentes puntos de España: Granada, Bilbao, Barcelona, Badajoz, Asturias... Se van proponiendo diferentes ciudades, y empiezan las desavenencias, pero bueno, eso no era lo más importante. Todas las Marchas, vengan de donde vengan, confluirán en Madrid para realizar una multitudinaria manifestación en noviembre.

Pero seguiríamos discutiendo. Conforme más se va acercando la fecha, cuantas más reuniones organizativas se realizan, más problemas van surgiendo. Que si esto no me gusta así, que si yo no pongo dinero para aquello, que si yo quiero poner esto, etc. En fin, las discusiones que siempre han mantenido dividida a la izquierda. Tanto que la idea de la lucha unida contra el sistema se va desvaneciendo entre las luchas internas. Tanto, que la idea de confluir en Madrid en noviembre se diluye, ya no hay tiempo, se acabó. O quizás no, podemos seguir debatiendo, podemos solucionar estos problemas y aplazar las marchas, sólo aplazarlas, así saldrá mejor, con más tiempo.

Al final en marzo serán las Marchas de la Dignidad. Ya tenemos fecha, ya está todo organizado, sólo queda el manifiesto. Esto es muy complicado. En el manifiesto es donde se plasma el motivo de la movilización, donde decimos por qué estaremos ahí, por qué estamos luchando, por qué vamos a seguir luchando. En su redacción es cuando se empezaron a destapar las verdaderas razones por la que estaba ahí cada organización. Para algunas lo más importante era la vivienda, para otras la educación, o la sanidad, las mujeres, la inmigración... Para la CGT todo junto... Para otras la política, las subvenciones, las elecciones.

Pero aún había más. Resultó que no querían dar una continuidad a esa lucha, no querían empezar una guerra, sólo querían poder contar una batallita. Pero para qué librar una batalla si, se gane o se pierda, no va a servir de nada. CGT no quería ganar una batalla, quería, quiere derrotar completamente a este sistema opresor, ser la herramienta que utilice la clase trabajadora para organizarse y nos podamos liberar de las cadenas que nos esclavizan. En CGT queremos poder vivir, por fin, en un mundo nuestro, de todas las personas que formamos parte del pueblo, y de nadie más.

Así que decidimos no formar parte de eso. Después de muchos debates, reuniones, discusiones y ninguneos, CGT decide desmarcarse del manifiesto. No así de las Marchas, que apoyó activamente desde el principio y hasta el final, pero desde la perspectiva de un nuevo comienzo para la clase trabajadora, para continuar la movilización más allá de la manifestación del 22 de marzo, para preparar una Huelga General no sólo de producción ni de consumo, sino que profundice en todas las formas de lucha posibles, porque el capitalismo no está preparado para ello. Y así continuar hasta cambiar nuestro mundo.

Ese es nuestro camino. Pero no solo el nuestro. Hubo otras organizaciones que decidieron desmarcarse también del discurso institucional de aquellas organizaciones que se creían dueñas de las Marchas, y se unieron a CGT para luchar unidas.

Así que comenzamos de nuevo. Decidimos realizar nuestra propia manifestación que confluiría con la del resto de organizaciones sociales y sindicales, nuestro propio manifiesto y nuestro propio acto final.

Pero de nuevo me adelanto. Al final, muchas de las Marchas acortaron sus recorridos o no se realizaron. Pero algunas se mantuvieron, entre ellas la de Andalucía, la única que se ha realizado a pie todo el camino, desde el principio hasta el final, desde Granada hasta Madrid. Y qué mejor día para empezar la Marcha que el día 28 de febrero. Sindicalistas y colectivos sociales comenzaron la Marcha ese día, con la ilusión del que sabe que, aunque el camino vaya a ser duro, la recompensa merecerá la pena. Y la recompensa no es más que saber que hemos hecho lo que debíamos, que nos estamos rebelando para construir un mundo mejor, aunque nuestros ojos no lleguen a verlo, pero sabremos que hemos contribuido a él.

No fue la única Marcha en Andalucía. Los que no pudimos estar en Granada ese día ni hacer todo el recorrido andando, quisimos dar apoyo moral a todas las personas, compañeras de lucha, que llevaban ya días y días caminando por las carretera y caminos de Andalucía. Así que, junto a decenas de organizaciones, convocamos Marchas simbólicas en otros puntos. El día 14 de marzo, cientos de personas en Sevilla, Málaga, San Fernando, Algeciras y Cádiz salieron a la calle para Marchar por la Dignidad. En sus mentes llevaban a las personas que salieron de Granada 15 días antes, en sus corazones también, junto a la idea de un mundo nuevo, como diría el gran Durruti.

El día 15 en Córdoba. Desde todos los rincones de Andalucía se desplazaron miles de personas hasta esta ciudad para continuar el camino, desde la Plaza de las Tres Culturas, aunque aquel día más bien era la plaza de todas las culturas. Al día siguiente se unirían ambas marchas en Santa Elena -Jaén-, la que venía caminando desde Granada y la que salió desde Córdoba el día anterior.

Y siguieron caminando. Santa Elena, Almuradiel, Santa Cruz de Mudela, Valdepeñas, Manzanares, Daimiel, Villarta de San Juan, Madridejos, La Guardia, Ocaña, Seseña, Pinto. Todas estas localidades han ido dejando atrás hasta llegar a Madrid el día 22. Lugares en los que han ido dejando un poco de su sudor, un trocito de sus corazones que han ido llenando con los corazones de los cientos de personas que les han abierto sus brazos por donde iban pasando, que les han abierto sus casas, los han acogido y los han animado a seguir, porque sabían que estaban luchando también por ellas, que esto es por todas las personas, para todas.

Por fin llegaron a Getafe. El cansancio se veía en sus rostros el día 21, pero el recibimiento que allí tuvieron lo compensó con creces. El pueblo entero esperando a las cientos de personas que venían andando desde Granada. También estaban allí el Secretario General de CGT y el Secretario General de CGT Andalucía, para mostrarles todo el apoyo de la Confederación, el tuyo, el mío, el de todas y cada una de las personas que diariamente hacemos esta Organización.

A las siete de la mañana llegaron los primeros autobuses. El día 22 Getafe se llenó de caras de esperanza, de alegría, de ilusión por todas partes. No podíamos andar 10 metros sin encontrarnos con alguna compañera o compañero de otra provincia y estrecharnos en un abrazo. No sé cuántas personas podría haber allí, miles seguro. Nos quedaban por delante 14 kilómetros hasta llegar a Madrid y, luego allí, tras un merecido descanso para comer, otros 4 kilómetros de manifestación. La verdad es que me quedé con las ganas de estrechar a Hilario entre mis brazos, para ver si me trasmitía la fuerza que le ha hecho recorrer media España a pie. Bueno, a Hilario y a todas las demás personas, compañeras de lucha, que han hecho la misma gesta. Desde aquí os envío un abrazo fraternal.

El bloque rojinegro era espectacular. No dejaban de pasar banderas de la CGT. No dejábamos de gritar que <>, que <>, que <>, que <>... Y se unían, seguían uniéndose, tanto que al llegar a Madrid éramos casi el doble de los que empezamos en Getafe.

Y terminamos la última etapa de la Marcha. En la plaza de la Beata María Ana de Jesús confluimos con miles de personas de CGT venidas del resto de España. Galicia, Euskadi, Catalunya, País Valencià, Murcia, Extremadura... Perdonadme si me olvido de alguna, pero creo que no tiene importancia, estábamos allí todas juntas, con un fin común, con una idea común, qué más da de dónde viniéramos.

A las 4 de la tarde echamos a andar. Cuando quise darme cuenta no encontraba el comienzo de la manifestación, pero tampoco el final. Tardé media hora en llegar al principio y, cuando lo hice, arriba del todo porque la calle estaba en cuesta, no alcanzaba a ver dónde terminaban las banderas rojinegras, con las que también iban las de miles de personas del resto de organizaciones que conformaban el bloque unitario alternativo junto a CGT. Casi 50000 personas al grito de <> que inundaban mi corazón. Mis ojos encharcados con lágrimas de emoción ya no podían hacer más fotos. Mis pies doloridos, heridos (aún hoy rabian de dolor), pero os puedo asegurar que en ese momento estaba flotando.

Y llegamos a Atocha. Y nos fundimos con la otra manifestación, en la que cientos de miles de personas gritaban por una educación pública y de calidad, por una sanidad pública y de calidad, por unos transportes públicos y de calidad, por el reparto de la riqueza y el trabajo, en definitiva, gritaban por la Dignidad.

Nos pusimos al final. Pudimos estar perfectamente una hora allí sin andar, era imposible avanzar, todo el Paseo del Prado estaba colapsado, la multitud ocupaba las avenidas más importantes y amplias de Madrid. Es imposible olvidar las imágenes de tanta gente anónima luchando por un mundo justo. Esas imágenes están ya grabadas en nuestras retinas, y las recordaremos siempre, aunque los rostros se diluyan con el tiempo, siempre estarán ahí.

Es una experiencia imborrable. Miles de sensaciones de todo tipo: frío, calor, cansancio, escalofríos, desesperación, alegría, ilusión, tristeza... Esperanza. Antes o después lo conseguiremos, pero estamos en el camino.
Tuvimos que terminar antes de lo previsto. Había tantísimas personas que no pudimos llegar a la Plaza de Neptuno, donde teníamos previsto el acto final. Frente al museo del Prado, observándonos desde sus paredes aquellos fusilamientos del 3 de mayo, la actriz Ivana Heredia leyó el manifiesto confeccionado por todas las organizaciones de clase que queremos continuar luchando, que sabemos que las Marchas por la Dignidad no eran un objetivo, eran una herramienta de lucha, de rebelión contra este sistema que nos oprime.

Esto no se acaba aquí. No compañeros, tenemos que seguir peleando cada día, en el trabajo, frente a las administraciones públicas, los bancos, el gobierno. Ahora vamos a construir una nueva Huelga General, vamos a unir las luchas para continuar caminando hacia ese mundo nuevo que todos llevamos en nuestros corazones. Porque el futuro está en nuestras manos.

Fuente: http://www.cgtandalucia.org/Barricada-de-Papel-no-16

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