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Estepa (Sevilla). Las naranjas de Maria. Por Remedios Crespo Casado.

Mi prima Alina salió de España antes que del vientre de su madre. Su placenta abrió las puertas en Mayo de 1939 en una aldea del sur de Francia.


Escuché su voz 67 años después en el contestador de mi móvil. Nadie nos había dicho que existiésemos pero nos encontramos.

Revista de Estepa. Feria 2012. Ayuntamiento de Estepa.

Cuando decidí escribir “Miel de Naranjas” no fui del todo consciente del viaje emocional que iniciaba. Y eso a pesar de que comencé esta aventura más interesada en bucear en mis orígenes que en escribir un guión sobre la historia de España.

El primer gran hallazgo fue encontrar un relato escrito por mi padre, Enrique Crespo Ortiz, en el que narraba las injusticias de las que fue testigo durante su penoso destino (así lo catalogaba él) como mecanógrafo en un Juzgado Militar de Sevilla en el año 1951.

A medida que profundizaba en la documentación fui descubriendo acontecimientos históricos que desconocía por completo. Me causó una gran impresión, por ejemplo, saber que en nuestro país durante la dictadura existieron campos de concentración donde se realizaban trabajos forzados. En España esta información es apenas difundida, y, casualmente, durante unos meses de estancia en Londres tuve conocimiento de esa realidad a través de la prensa inglesa. Sin ir más lejos, muy cerca de Sevilla, existió el Campo de concentración de los Merinales, que tuvo una inquietante vigencia: desde 1940 hasta 1962 (1).

No obstante, los descubrimientos más importantes no fueron sobre hechos históricos, sino sobre algunos episodios ocurridos a miembros de mi propia familia.

Hechos muy dolorosos que como en todas las familias estepeñas y españolas se silenciaron durante muchos años por diferentes motivos. A nadie puedo ni quiero reprochar esa desinformación porque entiendo que cada cual es dueño de su memoria, de su silencio y de sus sentimientos. Y he llegado a comprender toda esa amplia gama de razones y emociones, procedan de donde procedan…

Dicho esto, hoy me siento libre para expresar la perplejidad y consternación que sentí cuando descubrí que dos tíos míos, naturales de Estepa, habían muerto en el campo de concentración de Gussen, en Austria, donde fueron hechos prisioneros por el ejército nazi. Tengo grabado el momento en el que sentada frente al ordenador tropecé en Internet con un listado sobre los andaluces muertos en campos de concentración alemanes. Mi curiosidad me llevó a leer el listado para comprobar si entre las víctimas había alguien de Estepa. La sorpresa fue enorme cuando vi los nombres de Antonio Ortiz Crespo y Gonzalo Ortiz Crespo, quienes inmediatamente deduje debían de ser mis tíos, primos hermanos por dos veces de mi padre. Junto a sus nombres aparecían otros dos, curiosamente también dos hermanos naturales de Estepa, y cuya mención con nombre y apellidos no me corresponde a mí hacer, aún cuando esta información sea de fácil acceso a través de la Red.

En agradecimiento por la información, dejé una nota en la web www.todoslosnombres.org . Meses después y a raíz de aquella nota, Alina Ortiz, hija póstuma de mi tío Gonzalo, me localizó por teléfono. Nadie nos había dicho que existíamos, pero nos encontramos. Desde entonces, Alina y yo nos hemos visto en varias ocasiones y mantenemos contacto telefónico con asiduidad. Conocer a Alina me ha aportado grandes dosis de humanidad, por su sensibilidad y su cariño, por su peculiar sentido del humor tan reconocible en otros miembros de mi familia y, sobre todo, por habernos ayudado mutuamente a recomponer nuestro puzzle familiar.

La verdad es más fuerte que el silencio, más fuerte que las balas y las guerras. La verdad es más fuerte que el miedo, más fuerte y más necesaria.

No quiero terminar este relato sin mencionar a otro tío mío, hermano de los anteriores, y cuyo nombre, Enrique Ortiz Crespo, era bien parecido al de mi padre. Mi tío Enrique murió fusilado, después de "finalizada la guerra civil, en Murcia. Gracias a Alina también he recuperado un trozo de su valiosa memoria.

Para mis tres tíos, Enrique, Antonio y Gonzalo Ortiz Crespo, son esas naranjas que el personaje de MARÍA, interpretado por Ángela Molina, lleva siempre en su cesto en la película Miel de Naranjas.

Para ellos va mi sentido homenaje que quedará ya para siempre en la historia del Cine Español. Para ellos especialmente, pero también para todos los estepeños, andaluces y españoles que murieron trágicamente como consecuencia de la Guerra. Las heridas que aún quedan abiertas no se cerrarán con tiempo y olvido, sino sintiéndonos por fin una sociedad cohesionada capaz de reconocer y sanar nuestro sufrimiento colectivo.

(1) Ver libro "El canal de los presos". Autores: Gonzalo Acosta Bono, José Luís Gutiérrez Molina, Lola Martínez Macías y Ángel del Río Sánchez. (Editorial CRITICA).

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