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El Dr. Pedro Vallina en Cuenca

EL DR. PEDRO VALLINA EN CUENCA

RESPUESTA.

Al envío de la nota (abajo) a los amigos, conocidos, admiradores y familiares del Dr. Pedro Vallina ha seguido, de manera inmediata, la recepción de otros tantos correos interesándose por este asunto, tanto desde nuestro ámbito más cercano (de la propia Sevilla capital y algunos pueblos, como Almadén, Ciudad Real, donde aún se conserva su biblioteca profesional, ya que la de las “ideas” fue quemada en la puerta de su casa una vez que esta fue asaltada y saqueada) hasta desde México (familiares; nieto, biznieto y profesionales como el Dr. Marcos Arana que nos dice “Muchas gracias por el escrito sobre el Dr. Pedro Vallina y el hospital. En estos momentos resulta de mucho interés para mí porque además de que continuamos con el trabajo con tuberculosis, en este año, como parte de la conmemoración de los 30 años de la llegada de los refugiados guatemaltecos a Chiapas, estamos haciendo esfuerzos por que la clínica que fundamos en ese entonces en la comunidad de Nueva Poza Rica, sea reforzada y se convierta en un centro de capacitación para jóvenes promotores de salud.”).

Se nota que Pedro Vallina aún tiene mucho que enseñarnos.

+ Información en:

http://www.todoslosnombres.org/php/verArchivo.php?id=1135

http://www.todoslosnombres.org/php/verArchivo.php?id=1136

http://www.todoslosnombres.org/php/verArchivo.php?id=1137

http://www.todoslosnombres.org/php/verArchivo.php?id=1138

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EL DR. PEDRO VALLINA EN CUENCA

Por: Grupo admiradores de la obra del Dr. Vallina.

Es noviembre de 1936, en los primeros meses de la guerra civil española y cuando aún los anarquistas y la CNT tienen esperanzas en hacer que triunfe la revolución social que ellos han proclamado en bastantes lugares de España en los que su fuerza es determinante. Pedro Vallina, el anarquista y médico sevillano que tan buena labor ha realizado en Sevilla en el campo de la sanidad pública y en Almadén (Ciudad Real) deteniendo el golpe militar de julio de ese año, llega a Cañete (Cuenca) nombrado a sus 57 años director del hospital militar que se ha montado en esa parte del frente de guerra, dentro de las milicias cenetistas.

El hospital solo es una casucha en mal estado en la que se ubicaba un antiguo dispensario. Pero un grupo de campesinos del pueblo le lleva a un paraje a unos doces kilómetros de la población donde existe una gran casa de campo cuyos propietarios han abandonado; situada en una colina al lado de un río y de la carretera hacia Cuenca, en medio de un paraje agreste y majestuoso, apenas la ve el médico ya está pensando en que es el lugar ideal para repetir su acción de Cantillana, en Sevilla: montar un hospital en el que combatir la tuberculosis, entonces enfermedad extendida por grandes zonas agrarias de España. Pero antes, debe atender a las necesidades de la guerra y se traslada allá el hospital de Cañete, que empieza a funcionar en pocos días con la ayuda de mucha gente de los pueblos de los alrededores, a los que convence la palabra del médico y su proyecto libertario de gestionar sus escasos recursos, y el hospital, en colectividad.

A los pocos días, un grupo de obreros pide hacerse cargo de una pequeña instalación de producción de resina que existe junto a la casa, a lo que se accede, levantándose además unas cuantas casas para vivir en el lugar. Es el germen de una pequeña población llamada “El Encinar”, hoy en ruinas porque el propietario del lugar, al que al final de la guerra se le devolvieron sus posesiones, no dio continuidad al hospital y sí, pero solo por unos años, a la fábrica de resina. El hospital militar tampoco tuvo mucha continuidad durante la guerra, ya que Vallina debió dejarlo en febrero del 37, posiblemente a causa de las discrepancias surgidas alrededor de la militarización de las milicias populares.

Un grupo de admiradores del Dr. Vallina visitamos el lugar en los primeros días de abril de 2012. La casona es un verdadero mirador natural, un lugar fresco y aireado que sólo de contemplarlo rejuvenece el espíritu y genera paz y tranquilidad. Aún están en pié muchos muros, pero el abandono (según la gente del pueblo, se produjo ya hace varias décadas) ha producido daños que, creemos, hacen que la ruina no tenga vuelta atrás. Por si alguien usa el paraje, dejamos constancia de la voluntad de Pedro Vallina, el anarquista que todo cuanto ve lo transforma, si puede, en algo útil para el pueblo, presto siempre para servir a los demás y a construir para el futuro. Todo un ejemplo.

Seguiremos……

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