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Un Podemos sindical, un Ganemos laboral

No se habla de otra cosa. Incluso en nuestros comunicados leo referencias al “régimen
del 78” y “la casta” sindical. Parece claro que también nos ha contagiado el lenguaje de
Podemos. Hay que reconocer que aunque fuera una expresión ya usada por el 15M, el
verdadero referente del actual cambio social, Podemos ha contribuido a desenmascarar a la
casta política que venimos sufriendo desde la Transición.

Existe una casta política, pero también existe una casta sindical igualmente
deslegitimada. ¿Cuál podría ser el papel de CGT en este contexto? Si se me permite, y
guardando las distancias, se podría comparar el papel de CGT en el sindicalismo con el de IU en
la política. Ambas organizaciones ocupan el tercer puesto en la representación política y
sindical. Como IU critica el bipartidismo del PPSOE, a pesar de pactos concretos, CGT critica el
bisindicalismo de CC.OO. y UGT, a pesar de confluir en determinadas circunstancias. Ambas
organizaciones son una alternativa para mucha gente que anhela un cambio pero, seamos
sinceros, ni IU ha sabido atraerse al joven electorado indignado con la vieja política, ni CGT ha
podido captar a la gran masa del precariado juvenil desencantado con el sindicalismo. Cualquier avance en este sentido resulta raquítico en comparación con el potencial de
crecimiento que ha abierto la profunda crisis actual en los partidos y sindicatos de la casta.

A pesar de todos los problemas y conflictos internos, con sus decepciones y
desencantos, con todos los errores que se hayan podido cometer, en general, ni el electorado
ni la clase trabajadora consideran que ambas organizaciones seamos parte de la casta. Por
supuesto CGT no es casta, pero quizás tenga un poco de “caspa”. Nuestra acción sindical es
contundente y efectiva. Nuestra forma de organizarnos es horizontal y participativa (en este
punto hay una gran diferencia con IU). Nuestro comportamiento es honesto y transparente. Nuestras propuestas son serias y transformadoras. Pero ¿acaso hay gran diferencia entre el
programa electoral de Podemos y lo que lleva años reclamando IU?

El problema es que no solo hace falta ser bueno, también hay que parecerlo. En este
sentido afirmaba que sin ser casta, quizás tengamos algo de “caspa”. Caspa discursiva, con un
lenguaje que no resulta atractivo para la juventud de hoy, que resulta poco inclusivo, que
suena “viejuno”. Incluso cuando nos dirigimos a los jóvenes usamos el estereotipo del punk. ¿No nos
damos cuenta de que el punk representa a la juventud... ¡de los años ochenta!? ¿No resulta
excluyente asociar la radicalidad solo con cierta estética “antisistema”? ¿No somos capaces de
percibir que una careta de Anonymous o que el cómic de V de Vendetta reflejan el espíritu
libertario tanto como la rojinegra o las obras de Bakunin? ¿Puede ser Durruti un referente para
la juventud de hoy? ¿No son por ejemplo Falciani o Snowden quienes hoy –no en la guerra civil
y con pistolas sino en la era de la información y con filtraciones– roban a los bancos o
desnudan al estado? ¿Es más importante repetir constantemente y en letras mayúsculas
CAPITALISMO que centrarse en denunciar problemas concretos percibidos por todos que
evidencian, aquí y ahora, la injusticia del sistema?

No solo fallamos en el plano discursivo, también sería necesario replantearse nuestras
formas de actuar y organizarnos. ¿Es siempre la huelga el método más eficaz de lucha sindical
en todos los sectores? ¿Está adaptada nuestra organización a la nueva estructura laboral
precaria y flexible? Una persona joven y estudiante que pone copas en verano, cubre alguna
baja en telemárketing y algún año va a la vendimia francesa ¿A qué sector pertenece?
¿Dónde la afiliamos? ¿Puede participar en su sección sindical? ¿Le sale a cuenta pagar una
cuota para el uso que puede hacer de la asesoría jurídica? Somos trasparentes pero, ¿tengo
que estar en la Comisión Revisora de Cuentas de un Congreso para ver las facturas del
Secretariado Permanente?

Einstein decía que hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes es estar loco.
Presumimos, con razón, de honestidad, transparencia, horizontalidad, efectividad... Esto es
cierto, pero creo que resulta equivocado pensar que, si CGT no arrasa, nunca es por culpa
nuestra sino por un todopoderoso sistema que nos considera su principal amenaza.
Lamentablemente creo que el sistema pasa de CGT, lo cual es mucho peor a que nos atacara
salvajemente. “Primero te ignoran. Luego se ríen de ti. Después te atacan. Entonces ganas”,
decía Gandhi. Sin duda a veces nos atacan y también a veces ganamos, pero en general
estamos en la primera fase.

Hoy la excusa no puede ser que la sociedad está lobotomizada. La sociedad ha
demostrado, sobre todo a partir del 15M, que es profundamente crítica y activa. Si la realidad
no se ajusta a la teoría, no podemos echar la culpa a la realidad. Algo nos pasa a nosotras.

A pesar de todo, no creo que exista una gran organización mejor relacionada con
movimientos como el 15M, las mareas, STOP Desahucios o la PAH. No olvidemos que son
esos movimientos, y no Podemos, los que han cambiado la cultura política de este país. La
cuestión es si esa buena relación, esa simpatía con la que se nos considera una excepción al
sindicalismo burocrático, corrupto y pactista, es suficiente para generar ilusión. Si además de
no ser parte del problema, podemos realmente ser parte de la solución.
¿Estamos como IU? ¿Siempre estuvimos ahí pero a la hora de la verdad serán otras
organizaciones los referentes? ¿El tiempo nos dará la razón pero no el protagonismo? No se
trata de recibir reconocimiento por unas siglas o por el trabajo hecho, sino de contribuir al
trabajo por hacer. CGT está en unas condiciones idóneas para organizar la indignación también
en el ámbito laboral. El problema es si lo viejo es capaz de representar a lo nuevo. Sin una
profunda renovación, resultará difícil. Debemos mantener nuestra identidad sin ser
excluyentes, nuestras ideas libertarias sin caer en dogmatismos y replantearnos nuestra forma
de actuar, de comunicar, incluso de organizarnos. Si no lo hace CGT lo hará algún día un
Podemos sindical.

Podemos ser el Podemos del sindicalismo, pero teniendo en cuenta que Podemos no es
el referente; lo es Ganemos. La innovación política se ha acelerado tanto que Podemos ha
cedido el protagonismo a plataformas de confluencia ciudadana como Ganemos Barcelona,
que se replican ya en todo el país. CGT, como Podemos en el ámbito político, debería ser un
referente contra la casta sindical pero, igual que en las nuevas plataformas, no se trata de
obtener representación para unas siglas concretas. Se trata de contribuir e impulsar la
confluencia necesaria para el cambio. Tal y como estos nuevos partidos han rechazado confluir
en una “sopa de siglas”, el referente sindical no pueden ser las Marchas por la Dignidad. No
puede ser una nueva alianza para hacer lo de siempre, sino una nueva confluencia para hacer
algo distinto. ¿Listas abiertas en las elecciones sindicales? Por ejemplo.

He oído en este sindicato que el 15M fue grande porque era reformista y contó con el
apoyo de los medios, que a Pablo Iglesias lo ha creado la Sexta, que si CGT no llena las plazas
ni gana la mayor parte de las elecciones sindicales es porque desde las alturas saben que
somos la verdadera amenaza. Sinceramente creo que esas actitudes de complacencia sí que
son una amenaza para CGT. Cuando todo se mueve a un ritmo frenético, no hay mayor
amenaza que el inmovilismo. Si esa es la actitud, definitivamente no podemos.

Cambiemos. Y si cambiamos, nos adaptamos y confluimos con otros y otras, quizás
algún día “Ganemos” también en el terreno sindical.

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