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Reivindicando la memoria de la deportación

A pesar de la abundante literatura existente sobre las víctimas del nazismo, el drama de la deportación de los republicanos y antifascistas a los campos nazis sigue siendo un tema muy desconocido para buena parte de la población. Ni siquiera el despertar en las últimas décadas y la extensión de la memoria del Holocausto en todo el mundo, España incluida, ha logrado sobreponerse de una vez por todas al olvido que existe sobre nuestros paisanos deportados. Todavía es predominante la idea de que los campos de concentración nazis fueron ideados para el exterminio del pueblo judío en exclusividad. Y genera contrariedad, estupor y sorpresa que en esos siniestros recintos hubiera personas vestidas con raídos trajes de rayas que hablaban catalán, castellano o andaluz y soñaban desde aquellas tierras brumosas y heladas con sus pueblos blancos y luminosos, con sus familias y con sus gentes.

Como respuesta a este olvido surge el proyecto Memoria de las cenizas, un documental de Eduardo Montero y Ángel del Río (www.intermediaproducciones.com), que cuenta con la estrecha colaboración del Grupo de Trabajo Recuperando la Memoria de la Historia Social de Andalucía de CGT-.A y de la Amical de Mauthausen (que este año celebra el 50 aniversario de su fundación) y que se estrena la significativa fecha del 5 de mayo en Sevilla, día en que se conmemora la liberación del campo de Mauthausen convertido en el emblema de la deportación republicana y antifascista que afectó a más de 10.500 hombres y mujeres de los que más dos tercios no lograron sobrevivir.

Memoria de las cenizas ofrece el testimonio desgarrador de cinco supervivientes andaluces del horror nazi: Virgilio Peña, Eduardo Escot, Alfonso Cañete, José Marfil y Juan Camacho. Se descubre la historia de estos hombres, todos nonagenarios, exiliados de una tierra que siempre llevaron consigo y con una impresionante experiencia vital que necesitan socializar. La integridad de estas personas que dedican, todavía, sus últimos bríos a testimoniar sus vivencias para mantener viva la memoria de tantísimos compañeros torturados, asesinados y convertidos en cenizas en los hornos crematorios es, realmente, conmovedora. No son intelectuales ni personas cultivadas en la oratoria —proceden todos de familias muy humildes—, sin embargo, su testimonio posee una extraordinaria capacidad de seducción y son capaces de dejar absortas a las amplias y heterogéneas audiencias que han tenido. Sin duda, estamos ante una generación de personas irrepetible en la historia de España que, sin embargo, todavía no gozan del reconocimiento público que merecen.

El documental también recoge la otra cara de la moneda, la de los familiares, especialmente las mujeres, que quedaron sumidas en la más absoluta incertidumbre y desolación ante la falta de noticias sobre sus seres queridos. Resulta sorprendente que, todavía hoy, haya personas que descubren que su padre, su tío o su abuelo, al que han dado siempre por desaparecido desde los años de la guerra, acabó sus días en condición de preso en un lugar macabro de Europa llamado Mauthausen, Gusen, Buchenwald, Dachau, Neuengamme…

Las vidas de los deportados andaluces condensa, en líneas generales, todos los grandes dramas del siglo XX: la miseria degradante de las clases trabajadoras; la toma de conciencia y el activismo en distintas organizaciones obreras; la participación en los frentes de la guerra de España en defensa de la República y por la revolución social; el exilio y el confinamiento en los campos franceses del Rosellón; la participación, de diverso modo, en unidades del ejército francés o en la Resistencia para combatir a la Alemania de Hitler; la captura por parte del ejército alemán y el paso por los Stalag en condición de prisioneros de guerra; la deportación a los campos de exterminio como apátridas o prisioneros políticos; la liberación y el regreso a Francia como exiliados; y, en algunos casos, la definitiva emigración transoceánica a América Latina. Una vida intensa que bien merecía la pena ser contada dado el ignominioso desconocimiento todavía existente en numerosas localidades de origen de estos combatientes.

Llama la atención que buena parte de la conquista en favor de la memoria de la deportación republicana es deudora del empeño de los propios supervivientes que han dedicado grandes esfuerzos por hacer de su trágica experiencia un arma pedagógica para combatir cualquier tipo de discriminación contemporánea.

Cabe señalar que la primera iniciativa en este sentido en Andalucía se remonta a los primeros años de la década de 1980. Surge por la tenacidad del superviviente afincado en Francia, Francisco García Alcaraz, nativo de la pequeña aldea granadina de Zujaíra que apenas contaba con cuatrocientos habitantes en 1940 y que perdió hasta diez de sus hijos en el campo de Gusen. Francisco García con la activa colaboración de un grupo de vecinos y familiares consigue, por fin, mediante cuestación popular, que se levante un obelisco en junio de 1988 en Zujaíra a la memoria de todas las víctimas republicanas del nazismo. La aldea, enclavada en el corazón de la Vega de Granada, ha adquirido con el tiempo una dimensión especial por la ritualidad establecida en los actos de homenaje que se celebran periódicamente, logrando articular de manera participada a los distintos sectores de la población, incluidos niños y jóvenes. Un digno ejemplo que merece darlo a conocer.

El documental supone una magnífica herramienta para la enseñanza didáctica de este episodio de nuestra historia y para la promoción social de los valores éticos y la cultura de paz. La labor divulgativa cobra un valor esencial para que esta verdad relatada por las víctimas contribuya a combatir el desconocimiento. Todo el sufrimiento y la iniquidad, la resistencia y la dignidad que desprenden los testimonios no pueden reducirse, exclusivamente, al debate historicista y especializado como algunos quisieran. El drama de la deportación a los campos con el sacrificio de miles de antifascistas constituye hoy día parte de nuestro patrimonio democrático y como tal debe reivindicarse y ponerse en valor. Si los nazis intentaron suprimir todo rastro de su macabra obra para que en el futuro no se juzgase su política criminal, el recuerdo es, hoy día, la más clara victoria sobre los nazis y fascistas de ayer y de hoy.

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Fuente: http://www.cgtandalucia.org/Barricada-de-Papel-no-9

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