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Mayo de 2013. De la indignación a la rebelión

Este mes de mayo el movimiento 15M vuelve a las calles de las que, por otra parte, nunca se ha ido. Hace ya dos años una multitud indignada sorprendió al mundo tomando las plazas de todo el país para reclamar una democracia real y denunciar a los políticos y banqueros. Fueron momentos de catarsis colectiva en los que se inició una ola de grandes movilizaciones (15M, 19J, 15O) que más tarde se asentaría en los barrios y pueblos de todo el país para conectar con las luchas locales.

Desde entonces, el movimiento 15M ha confluido con los movimientos vecinales y las luchas por la vivienda, con el sindicalismo combativo y con nuevas iniciativas de movilización como las mareas, el 25S o la intensa campaña de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. Dado por muerto y enterrado, el 15M está más vivo que nunca. Ha madurado, se ha organizado, ha debatido propuestas y presentado alternativas concretas y se ha mezclado con las experiencias de lucha precedentes, impulsando también nuevas olas de protesta a las que ha contagiado su espíritu abierto y combativo.
Muchas voces han clamado la ineficacia del movimiento quincemayista y, cierto es, la situación económica y social es hoy mucho más grave que la que hace dos años provocó la ola de indignación que contagió a medio mundo. Se olvidan sin embargo de los cientos de desahucios paralizados, las daciones en pago conseguidas o las múltiples ocupaciones de edificios para familias sin vivienda. Pero, sobre todo, estos enfoques pesimistas se olvidan de la importancia que ha tenido el 15M para la construcción de una amplia red de activistas que se han convertido en un nuevo (o mejor dicho renovado) sujeto político, que sin tener aún la capacidad de llevar a cabo sus propuestas encarna sin embargo la capacidad de minar las bases del sistema y construir su alternativa.

Por una parte, el 15M ha contribuido sin duda a la deslegitimación de una clase política y económica que debería preocuparse no ya por la manida “desafección” de la ciudadanía, sino por el verdadero “asco” que ésta manifiesta. Porque no puede llamarse simplemente desafección a que la clase política y los partidos sean, según el CIS, el tercer problema de los ciudadanos, tras el paro y la economía, desde febrero de 2010, llegando al 29,4% que señala a los políticos y un 39,3% que señala a la corrupción como uno de los tres principales problemas del país (abril de 2013). O que el 89% de los ciudadanos desapruebe a los partidos y el 88% rechace a los políticos y a los bancos (Metroscopia, enero de 2013). Si el 74% de los ciudadanos considera que el Congreso de los Diputados no representa a la mayoría (Metroscopia, febrero de 2013), es que de verdad el 15M tenía razón: “no nos representan”.

Pero más importante aún que la deslegitimación de la partitocracia (incluyendo a la corona que ya es suspendida con un 3,68 sobre 10) y de la banca, es la legitimación que movimientos como el 15M, la PAH o las mareas reciben de los ciudadanos. Así el 81% de los ciudadanos confía en estas plataformas mientras que solo un 11% confía en el Gobierno y un 10% en el PSOE. La PAH recibe buena o muy buena valoración del 75% y solo un 5% la valora mal o muy mal y el 15M como tal es valorado o muy bien valorado por el 67% y rechazado solo por el 8% de los ciudadanos. Por su parte, propuestas del movimiento como el aplazamiento de los desahucios reciben el apoyo del 92% de la población y del 90% la dación en pago (Metroscopia, noviembre de 2012). Un consenso casi unánime sin precedentes en la política española.

En definitiva, el poder sigue aún en manos de los de siempre, pero son movimientos como el 15M los que hoy día ostentan la legitimidad. Y no hablamos de la legitimidad ética que siempre tuvo, sino de la legitimidad definida por Weber de forma recurrente cuando afirmaba que “legítimo es lo que las personas creen legítimo”. Llámese 15M, 25S, la PAH o las mareas, hoy la legitimidad está en los movimientos sociales y ningún sistema puede mantenerse mucho tiempo solo con la legalidad o la fuerza. El 15M ha contribuido a minar las bases del sistema y a legitimar a los nuevos actores, discursos y propuestas llamados a sentar las bases de una verdadera democracia. El poder tiene los pies de barro mientras que, aunque aún no se eleve sobre el horizonte, se están construyendo los sólidos cimientos de una nueva política. Esto, nada más y nada menos, ha conseguido el 15M.

Nota: Puedes consultar los actos previstos para mayo de 2013 de la campaña “De la indignación a la rebelión. Escrache al sistema” en la web http://mayo2013.tomalaplaza.net/

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Barricada de Papel Nº 12 (pdf)

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