Foto arton3227
Sin comentarios 590 veces visto

El colector de la represión

El franquismo habilitó un campo de concentración en Heliópolis donde trabajaron más de 250 prisioneros.

Los campos de concentración son sin lugar a dudas uno de los símbolos de la represión franquista. En ellos, hasta medio millón de prisioneros -según recogen algunos estudios- realizaban trabajos forzados. Trabajos que, en muchas ocasiones, eran el menos malo de los escenario para los reos ante la masificación que sufrían las cárceles y en las que proliferaban enfermedades y muertes. Espacios que ahora el grupo de trabajo “RMHSA” de CGT.A pretende señalizar de modo que los ciudadanos sean conscientes de un modo objetivo de cuál fue la función de estos campamentos y qué actividad realizaron los presos durante los años que estuvieron en ellos.

En el caso concreto de Sevilla, fueron casi una decena los espacios convertidos en campos de concentración y trabajo. Muchos de ellos no reconocidos como tales y enmascarados en colonias penitenciarias o campamentos de presos, terminologías que enfrentan a historiadores en cuanto a la catalogación de estas áreas. Cecilio Gordillo, coordinador de este grupo, recuerda la dificultad que han tenido para elaborar un listado de estos espacios, "ya que muchos estaban ocultos con otros nombres".

Entre todos, hubo uno en la zona de Heliópolis, denominado el colector, que desde el primer momento fue considerado y calificado como un campo de concentración. Los primeros planos de este campamento datan del 7 de julio de 1937, días antes de que se cumpliera el primer aniversario del comienzo de la Guerra Civil, y curiosamente con un par de años de antelación a que se aprobaran los primeros reglamentos que recogían la existencia y adecuación de estos espacios. Un hecho que dejaba clara las intenciones de los golpistas, toda vez que comenzaron a atrincherar a los prisioneros en el interior de las cárceles. "Hay quien dice que no era más que una prueba para ver cómo funcionaba el sistema", señala Gordillo.

Con capacidad para unos 250 prisioneros -aunque finalmente llegó a acoger a casi el doble de ellos- su adecuación se debió a una actuación de urgencia por parte del Ayuntamiento, ubicándolo en el terraplén de la margen izquierda de la Corta de Tablada, en la extensión del antiguo cauce del río Guadaíra. Así lo recoge el acta de constitución de la comisión que se encargó de gestionar los trabajos, y entre los que se encontraban el general jefe del Ejército Sur, Gonzalo Queipo de Llano, o el propio alcalde la ciudad, Ramón de Carranza. En el documento se recoge el interés del general por la "construcción indispensable de un colector de alcantarillado para la desviación del vertido al Guadalquivir".

Y es que en la zona sur de la ciudad, urbanizada durante la reciente celebración de la Exposición Iberoamericana de 1929, la evacuación de los residuos había acabado por convertirse en un problema de salubridad para los vecinos. Hasta ese momento, los vertidos se arrojaban a la Dársena del Guadalquivir poniendo en jaque, tal y como recoge el propio acta de constitución, "las costosísimas obras ya ejecutadas por el Estado, denominadas Plan de Obras de Mejora del Puerto de Sevilla, entre las que se comprende su habilitación como dársena y la desviación del curso del río".

De este modo, el Ayuntamiento encargó a la empresa Entrecanales y Távora la adecuación de un canal que llevara los vertidos que estaban afectando a la zona más urbana del río hasta más allá de la exclusa. No era poca cosa. Se trataba de una distancia de entre 4 o 5 kilómetros, nada fácil de adecuar a través de la construcción de una gran tubería, pero la importancia de acometer estos trabajos era tal que hasta pasó desapercibido el hecho de que la Guerra Civil estuviera aún en pleno desarrollo. Este hecho dificultó bastante su ejecución, ya que la empresa no contaba con los trabajadores necesarios para acometerla. Fue entonces cuando los golpistas propusieron la idea de adecuar este campo en el que se agolparon 250 presos encargados de la obra.

El campamento levantado en la zona junto al río constaba de cuatro barracones, en una disposición muy similar a la que posteriormente adoptaron en los campos de concentración del nazismo, un hecho al que contribuyó que Franco estuviera apoyado por varios asesores alemanes vinculados al régimen. El primero de ellos estaba destinado al personal de oficiales, clases y tropa encargada de la vigilancia del campo, oficinas y enfermería; otro con los dormitorios de los 250 prisioneros encargados de la ejecución de las obras del colector; un tercero en el que se ubicaban los comedores de jefes y reos, la cocina y la siempre inexorable capilla. El cuarto y último albergaba varios departamentos menores en los que se daba cabida a los aseos, lavaderos, garaje y almacenes. Todo dispuesto en forma de rectángulo, que permitía formaciones para revistas del personal y su esparcimiento en las horas de descanso.

Uno de los aspectos más singulares de la adecuación de este campamento, que marca buena parte de su desarrollo, se basa en que se procedió a su construcción en pleno desarrollo de la Guerra Civil. Este hecho condicionó, entre otros aspectos, la precaria situación económica con la que hubo que hacer frente a los trabajos. Con todo, y a pesar de esta limitación, el presupuesto que manejó la Administración ascendió a 180.814,93 pesetas.

Una cifra nada desdeñable para aquella época que obligó a recortar gastos como la sustitución de la teja árabe, que en un principio se programó para el techado de las naves y que finalmente hubo de ser sustituida por otra de bayunco, una especie de vegetal.

El aspecto económico preocupaba en demasía. No obstante, y ya con la guerra avanzada, los terratenientes que habían apoyado con sus bienes el alzamiento comenzaban a exigir su devolución. Era necesario hacer caja y una obra así podría reportar una buena cantidad a las maltrechas arcas. Y es que los empresarios que realizaban estas tareas no lo hacían ni mucho menos de forma altruista. Los reos sí, o en todo caso recibían una mínima retribución que dependía de variables tan dispares como si habían contraído matrimonio por la Iglesia o de si sus hijos estaban bautizados. La gran parte de la cantidad que se exigía a la empresa que los contrataba quedaba en manos del Gobierno. "Si cobraban unas 12,5 pesetas, diez de ellas iban directamente a las arcas; del resto, dos se cobraban en concepto de manutención. Al prisionero le quedaban 50 céntimos, o al menos eso decían", explicaba Gordillo.

Lo cierto es que 75 años después, la ciudad espera recuperar para la memoria un espacio en el que el franquismo enmascaró su represión a la ciudadanía en la construcción de una infraestructura de gran relevancia social. Heliópolis y la belleza de sus edificaciones de la Exposición del 29, guardaba junto a él, el colector de la represión del régimen a la libertad de sus ciudadanos.

Lugares de la Memoria en busca de su reconocimiento.

El objetivo del grupo pasa por la señalización de espacios como lugares para la memoria. La normativa aprobada por la Junta respalda su iniciativa pero se topa ahora con el modo en el que estos espacios se marcaran. El texto aprobado no hace referencia a ello y deja en manos de los ayuntamientos la última palabra. Cecilio Gordillo, refirió que ha solicitado al Consistorio hispalense un encuentro en el que delimitar como llevarlo a la práctica.

En concreto la Junta de Andalucía aprobó la creación de una comisión que deberá definir los espacios vinculados a la Guerra Civil entre el 17 de Julio de 1936 –un día antes del alzamiento- y el 20 de diciembre de 1978, fecha en la que se fija el fin de la dictadura tras la aprobación de la Constitución Española. Gordillo recordó que su objetivo es adecuar una placa, “estilo a las vallas publicitarias”, en la que se recoja el nombre del lugar, fecha en la fue escenario de la actividad represiva y una leve explicación que permita a los ciudadanos conocer la historia desde un punto de vista objetivo.

Un campamento de concentración al lado del rio.

La vista área ofrece al detalle la zona concreta en la que su ubicó el espacio en el que realizaban sus trabajos los más de 250 prisioneros del régimen. Su labor pasaba por desviar los vertidos de la dársena hasta más allá de la exclusa.

El hogar de los presos, a detalle.

El campamento se alzaba sobre un amplio patio central que rodeaban cuatro naves. Los barracones estaban formados por unos entramados de madera y teja árabe; las paredes constituidas por tabiques de ladrillos encalados y el pavimento de tendido continúo de hormigón. Estos últimos elementos permitían una perfecta limpieza de los pabellones. El coste total de la obra fue de algo más de 180.000 pesetas, una cantidad nada desdeñable para la época, en pleno desarrollo de la guerra civil

Hoy día, solo queda el recuerdo de lo que fue.

El terreno que ocupara el campo de concentración, perteneciente a la empresa Entrecanales y Távora, lo ocupan actualmente unas dependencias de Acciona, aunque su extensión ha variado poco desde la guerra civil.

Galeria

Recomendados

CGT inicia una campaña en defensa de las pensiones públicas

La Confederación General del Trabajo tiene previsto iniciar una campaña en defensa de las pensiones públicas a partir de [...]

Sevilla: El PP ve "con buenos ojos" los nuevos lugares para la Memoria propuestos por CGT.A

Juan Bueno cree que no hay problema en investigar los campos de trabajo de La Corchuela y el Colector "No hay inc [...]

Un campo de “trabajos forzados” donde los presos políticos del franquismo, trabajaron como esclavos, para el Ayuntamiento de Sevilla, durante varios años

Aquí había un campo de concentración Piden al Ayuntamiento que honre a los esclavos del franquismo que construyeron [...]

0 comentarios

Aún sin comentarios

Puedes ser el primero en comentar esta noticia!

Deja tu Comentario

Tu email no será publicado. Los campos obligatorios estan marcados con el simbolo *

¿ Cuanto es tres + seis ?