Cooperativa agroecológica “La Acequia”
En septiembre del año 2005 un grupo de unas 70 personas vinculadas a una red de trueque local accedemos a una tierra en la zona periurbana de Córdoba donde, si bien el hormigón y la vida urbana habían acabado con el mundo rural que hasta hace veinte años existía, aún se conservaban prácticas rurales fundamentalmente relacionadas con la agricultura familiar y el autoconsumo.
Queríamos acercarnos al campo y a la vez acercar el campo a la ciudad, producir hortalizas desde otra lógica económica; a diferencia de otras prácticas del mercado no queríamos valorar monetariamente los productos que íbamos a producir sino que decidimos asumir todos los riesgos y costes del proceso agrícola de forma colectiva. Consensuamos aportar una cuota de dinero y trabajo mensual, y como resultado, semanalmente nos llevaríamos a casa una cesta de verduras ricas y saludables.
Tras tres años y medio de trabajo, somos en torno a cien personas organizadas en diez grupos de consumo. El grupo de consumo es nuestro modo de organizar a tantas personas en la asunción de tareas y responsabilidades, así como en la toma de decisiones. Hemos comprobado y, sobre todo, hemos aprendido a lo largo de este tiempo, que en grupos pequeños se trabaja mejor: somos capaces de llegar más fácilmente a consensos, asumir trabajos y responsabilidades de un modo más distendido, basado en la confianza. En el grupo es donde se manifiestan actualmente mecanismos de confianza y apoyo mutuo de forma natural. En esta aventura del cooperativismo y la autogestión, ha sido importantísima la apuesta por el consenso mediante un trabajo arduo y constante en los mecanismos de toma de decisiones.
Nuestro modo de entender la agricultura es incompatible con el uso de agroquímicos, y ello está motivado tanto por una cuestión de salud individual y común, como por la pretensión de salirnos del mercado global sistemáticamente sometido a los intereses de grandes multinacionales en el que se inserta hoy la agricultura.
Intentamos ser soberanas y libres para decidir sobre qué y cómo comemos, y ello está íntimamente relacionado con el cuidado de las semillas que, frente a una estrategia de privatización de la vida y el conocimiento, perduran gracias a la labor de campesinos y campesinas que las consideraron como un valor intrínseco a la cultura y gastronomía de la zona en la que habitaban. Trabajamos para que ese conocimiento no se pierda y nuestra autonomía depende de ello.
Nuestra propuesta de transformación y nuestra práctica cotidiana forman parte de una concepción holística de la vida y el conocimiento. Nuestra práctica va hilando todos y cada uno de estos objetivos, pretende dar respuesta a las múltiples y diversas inquietudes y necesidades con las que nos reconocemos en este colectivo. Es desde la crítica de la ciudad en la que vivimos y la recuperación de prácticas asociadas al mundo rural, así como la invención de nuevos modelos de relaciones humanas y económicas, desde donde queremos ofrecer nuestra propuesta.


